Tres deseos

Para ser feliz, hay que alinearse con las creencias imperantes de la sociedad en la que uno vive. Al menos eso dice un historiador. El hecho de sentirse uno con un propósito, cualquiera que ese sea en el momento en el que está, le da a la vida la sensación de satisfacción, que es la única que puede equipararse a la felicidad como estado emocional constante. Hablar de un estado basal emocional es situarse uno dentro de sí mismo y saber hasta dónde uno vive contento, o no. No estamos hablando de la euforia de un momento emocionante, sino de el sentimiento que rige como energía y con el que nos levantamos todas las mañanas.

Yo creo que tengo un nivel elevado de felicidad. Como cosa contradictoria con mi cara de «resting bitch face» y la fama de enojada que me he logrado gracias a ser directa y clara. Una cosa nada tiene qué ver con la otra. Tal vez por eso en un ejercicio de pedir deseos, no escogí «ser siempre feliz», porque hay que experimentar todas las emociones y porque eso simplemente sería muy aburrido.

Tres deseos creo que podemos tener en la vida, sin necesidad de genios que salen de las lámparas. Yo quisiera comer sin engordar, no tener que preocuparme de cosas materiales de mi familia, el tercero sería difícil. Pero por lo que deseamos podemos conocernos mejor.

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