Regresar a la normalidad

Las vacaciones de mis hijos empezaron ayer. Llevan ya dos semanas sin colegio, pero los he tenido bajo mi (zapato) supervisión todo el día. Pasaron una noche donde mis primos que son como mis papás y estuvieron gloriosos. Tele, helados, tele, desvelos, juguetes, tina, cereal, leche… No sé. Entiendo que es rico salirse de la rutina.

Cuando yo era pequeña, me iba una semana en vacaciones a la casa de una amiga sin horarios… Y regresaba a casa ansiando tener rutina. Para bien o para mal, uno tiene una zona de confort. Es necesario salirse de ella para lograr cosas fuera de lo común, pero, creo yo, también es bueno tenerla para partir de un punto de referencia.

Así con todo. Ya lo he dicho otras veces, Picasso decía que hay que saberse bien las reglas para poder romperlas. Pregúntenle a un buen chef, les dirá que hay que aprenderse las salsas bases, esas que se llaman las «madres» para poder innovar.

Saltar desde un punto desconocido nos deja sin rumbo. Apoyarse en algo que está afianzado, nos da la dirección de donde queremos ir. La rutina sirve como ese muelle.

Hoy los niños duermen en la casa y mañana comienzan una semana entera donde sus abuelos. Veremos cómo nos va.

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