Mañana es miércoles

Y anoche no dormí. La glucosa de la niña horriblemente alta, tengo que pasar una serie de cosas para corregirla, hasta encontrar la razón del fallo de su máquina y la insulina. Dos horas y media después, decidí cambiarle algo en el set de infusión y ya todo se resolvió. El problema no es necesariamente la subida del azúcar, que sí lo es porque no es bueno para ella, sino el no saber desde un principio qué hacer.

Si en todos los retos que enfrentamos, tuviéramos siempre la respuesta adecuada a la primera, no serían tales. De algo valen los experimentos fallidos, los fracasos que enseñan y los golpes de rodillas. Nos dicen por dónde no irnos.

Prefiero empezar por lo simple y escalar a lo complejo, no siempre las cosas necesitan cirugía mayor, a veces sólo una curita y meterse a complicar el asunto puede resultar en un mayor estrago. El ejemplo de matar un zancudo con un martillo, se puede, pero no es lo más adecuado.

En este casi año que tengo de ir poniendo protocolos, ya son cada vez menos las noches como la de anoche y eso está muy bien, porque no aguanto muchas de éstas. Y se me ha quitado un elemento de angustia, porque sé que, aun cuando no tengo la solución de inmediato, la voy a encontrar.

Hay pocas cosas certeras en el futuro. Los problemas y la necesidad de resolverlos es una. Que mañana es miércoles es otra. Por ahora, mi cerebro no puede procesar mucho más.

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