El final del dolor

Todas las sensaciones son independientes de nosotros mismos como personas. El dolor existe en nuestra mente como una respuesta de advertencia hacia algo que nos hace daño. Hacer pesas duele. Nos estamos desgarrando los músculos. Pero lo seguimos haciendo porque la vida que vivimos ahora no está llena de correr por la llanura cazando la cena, ni arrastrando el animal de regreso a la cueva, ni trepando al árbol a conseguir la fruta. No caminamos ni siquiera a nuestro trabajo, viviendo en Guatemala, eso es un deseo de morir.

Aprender cosas nuevas duelen, porque requieren concentración y dedicación, el empujar nuestra voluntad hasta donde se sale de su zona de comodidad. Sentarse a practicar un instrumento, a estudiar para el próximo examen, a aprender otro idioma, da pereza.

Querer duele. Porque lo llenamos de expectativas de comportamiento de otra persona que no somos nosotros y les damos la responsabilidad de nuestra felicidad, nuestra autoestima, nuestro bienestar.

Todo duele, pero seguimos teniendo hijos, aprendiendo idiomas, queriendo extraños. Porque vivir sin que nos duela sólo se logra cuando ya no estamos vivos.

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