1, 2, 3…

30 segundos para usar el agua después que hirve. 1 minuto con la cafetera abierta, 3 minutos cerrada. Contar hasta diez para moler el café. Faltan 15 minutos para que pase el bus. Hoy tocan 12 repeticiones, esperar 10 segundos, 3 repeticiones más. La rutina de hoy tarda 32 minutos. Mañana nado 500 metros, 10 vueltas, 5 brazadas por 1 respiración. Faltan 23 días para que cumpla 42 años. 2 hijos. 3 gatos.

La vida se me va contando, a veces hasta los pasos que doy. Como si las experiencias fueran un avanzar sobre un juego de mesa de casilla en casilla según lo que digan los dados. Mientras que vivir, eso que uno hace en la conciencia alerta de la verdadera experiencia, no se puede ni siquiera clasificar. Muchas experiencias no son equiparables a nada y pierden su valor si las comparamos. Los sentimientos no se pueden cuantificar: te quiero o no.

Pero tratamos: te quiero mucho, estoy muy feliz, estoy muy triste. ¿Con respecto a qué o quién? A algo o alguien que no está allí? Eso es injusto. Para nosotros porque nos perdemos de lo que nos pasa allí mismo. Todo lo demás ni siquiera sabemos si existe en realidad.

Mientras aprendo, yo sigo contando. Días, segundos, vueltas, palabras.

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